sábado, 10 de marzo de 2012

LA LEYENDA DE SUDANELL

El sábado por la tarde me fui a ver a mi abuelo y le dije que tenía que escribir una leyenda o una historia de las que se contaban en su infancia en mi pueblo.
- Se decía que en mi pueblo había una bruja- dijo mi abuelo- ella tenía un libro de encantamientos y pociones mágicas para ella.
-Yo me quedé alucinado y dije: -¡Esto es imposible!
-Mi abuelo se quedó mirándome y siguió hablando. -Se decía-dijo él- que en ese libro también habían figuras para hacer encantamientos. Con ellas, hacía diversas cosas muy raras. Tenía una figura en forma de gato, y la hacía aparecer en lugares concretos de cualquier casa del pueblo a toda persona que pasaba por allí lo arañaba.
Al final, la gente del pueblo se enfadó –comentó mi abuelo- y cuando vieron al gato, con un bastón, le dieron un golpe en la espalda.
La mañana siguiente, toda la gente del pueblo se quedó con la boca abierta al ver a un hombre que iba caminando por la calle con la mano en la espalda porque le dolía, después de que ellos hubieran pegado al gato.
-Es una cosa muy extraña –dije yo sorprendido- por esto es una leyenda, supongo.

Juan Eritja, 3r ESO A

jueves, 8 de marzo de 2012

LEYENDA POPULAR: EL BANDOLER CARLES




     El sábado por la tarde me fui a ver a mi abuela y le dije que tenía que escribir una leyenda o una historia de las que contaban en su infancia en mi pueblo.
     Entonces ella me dijo:
     - ¡Ah!, ya sé, te voy a contar la historia del “Bandoler Carles”, que está representado en los gigantes de nuestro pueblo. - Y entonces ella me contó:
      -La historia transcurre durante el siglo pasado. Surgió una poderosa banda de bandoleros, que tenía atemorizados varias comarcas cercanas, fue el resultado de dos guerras civiles, en menos de veinte años: miseria y robos. El líder de los bandoleros de nuestro pueblo era “de cal Carlos”.
     Iba siempre armado y cuentan que era más ágil que un gato, cualidad necesaria para ser un buen líder.
     Su era se convirtió en le lugar de reunión. Así cuando en las casas del castillo divisaban movimiento de personas, mulas o caballos al pajar, deducían que en los siguientes días se produciría algún robo considerable. Al terminar la guerra, las autoridades ofrecieron una buena recompensa a quien los denunciase. Otro día aprovechando que el líder de la banda (Carles) y otros miembros se encontraban en la iglesia, un grupo de hombres forzudos al salir consiguieron arrestarlos.
     La justicia le aplicó la ley de máxima pena: la sentencia fue la decapitación, se introdujo su cabeza en una jaula de hierro, mostrándolo colgado del extremo de un palo, para escarmentar a todo el vecindario, y con una advertencia que decía: ”Quién se atreva a llevarse la cabeza correrá la misma pena que el infortunado”.Cuentan que su hermana, que era más atrevida que él ,se hizo con la cabeza dándole sepultura en el cementerio de Sudanell.
     Unos años después, ésta jaula fue encontrada al hacer los cimientos de una casa en Sudanell.
     - Es una historia muy emocionante abuela. Me ha gustado mucho. Gracias.
     - De nada, siempre que quieras estaré encantada de repetírtela. Pero tienes que prometerme una cosa.
     - Dime.
     - Prométeme que se la contarás a tus hijos y a tus nietos.
     - Prometido, ningún problema-le dije. Luego me levanté y le di un abrazo.

Ramón Creus

miércoles, 7 de marzo de 2012

¿Qué le escribió el profesor a la chica?

Esa era una mañana soleada. Una de las primeras del año. Empezaba a irse el frío, y llegaba el calor. “Por fin”, pensaban el grupo de chicas que estaba entrando en ese momento en clase. Estaban a finales de abril. Les resultaba muy agradable salir al patio y sentir el calor, sin ver ninguna nube de esas que entristecen. Todo se veía de diferente manera.
Pero a Lorena no le gustaban los días soleados. Al menos, no ése.
Siempre ha sido una chica suelta, siempre sonríe. Habla con todo el mundo.
A simple vista se ve que es feliz. Trata bien a los que la tratan bien.
Pero ése, concretamente ese día y a esa hora exacta, ésa no era la Lorena de siempre. Estaba cabizbaja, sin las arrugas en sus ojos marrones que se le hacen cuando sonríe. Esa sonrisa que ese día no estaba.
Solía ser le centro de atención, aunque no fuera ésa su intención. Por eso, cuando entró en clase, todos se fijaron en ella y algunos cuchicheaban, otros le preguntaban qué era lo que le pasaba. Aunque ella parecía ausente.
De pronto, el profesor entró. Un poco más tarde de lo normal, quizás. Le pidió a Lorena que saliera un momento fuera.
Cuando entró en clase, iba con un papel en la mano, con el profesor detrás y con lágrimas en los ojos.
Intrigados, empezaron la clase. 

Sara Gutiérrez Vallejo, 3º ESO A

martes, 6 de marzo de 2012

La casa encantada de Alcoletge


Una vez cuando mi hermano tenía 11 o 12 años se fue con sus amigos del pueblo, a dar una vuelta. Al rato, uno de ellos dijo de ir a una casa “encantada” que había en las afueras de Alcoletge. Estos decidieron ir. Encontraron la casa, era vieja y húmeda, destrozada por dentro y fuera. Empezaron a inspeccionar de arriba abajo. Uno de ellos, cuyo nombre no recuerdo, era un niño que siempre estaba gastando bromas pesadas a la gente. Él entró en una habitación solo y de repente se cerró la puerta. Él se pensó que fueron sus amigos, que querían devolverle una de sus muchas bromas, y les dijo:
-Va, chicos, abrid la puerta que sé que sois vosotros.
Los demás chicos dijeron que no, sorprendidos, y ellos se pensaron que volvía a bromear.
Al rato de unos minutos, el chico se empezó a asustar y gritaba. ¡Por favor ¡ ¡Que le abriesen la puerta! Sus amigos lo intentaban, pero no podían. Así estuvieron varios minutos.
Al final, sus amigos y mi hermano se fueron corriendo, se asustaron mucho. Los padres de este chico por la noche se empezaron a preocupar porque no volvía a casa.
Los padres de este llamaron a todos los amigos de su hijo para saber donde estaba. Finalmente uno dijo que la última vez que lo vieron fue en esa casa.
Por la mañana, del día después de lo ocurrido, los padres del niño, junto mi hermano y sus amigos, fueron a la casa encantada.
Subieron las escaleras y se dirigieron hacia la habitación, donde el niño se había quedado encallado el día anterior por la tarde.
Esa mañana sí que pudieron abrir la puerta. Encontraron al niño en un rincón llorando. Él dijo oír voces y agua cayendo de tuberías inexistentes.
Actualmente, ya han pasado 10 años y aquella casa la destruyeron hace poco.

Paula Bartrina, 3r ESO A