Una vez cuando mi hermano tenía 11 o
12 años se fue con sus amigos del pueblo, a dar una vuelta. Al rato,
uno de ellos dijo de ir a una casa “encantada” que había en las afueras
de Alcoletge. Estos decidieron ir. Encontraron la casa, era vieja y
húmeda, destrozada por dentro y fuera. Empezaron a inspeccionar de
arriba abajo. Uno de ellos, cuyo nombre no recuerdo, era un niño que
siempre estaba gastando bromas pesadas a la gente. Él entró en una
habitación solo y de repente se cerró la puerta. Él se pensó que fueron
sus amigos, que querían devolverle una de sus muchas bromas, y les dijo:
-Va, chicos, abrid la puerta que sé que sois vosotros.
Los demás chicos dijeron que no, sorprendidos, y ellos se pensaron que volvía a bromear.
Al rato de unos minutos, el chico
se empezó a asustar y gritaba. ¡Por favor ¡ ¡Que le abriesen la puerta!
Sus amigos lo intentaban, pero no podían. Así estuvieron varios minutos.
Al final, sus amigos y mi hermano
se fueron corriendo, se asustaron mucho. Los padres de este chico por la
noche se empezaron a preocupar porque no volvía a casa.
Los padres de este llamaron a todos
los amigos de su hijo para saber donde estaba. Finalmente uno dijo que
la última vez que lo vieron fue en esa casa.
Por la mañana, del día después de lo ocurrido, los padres del niño, junto mi hermano y sus amigos, fueron a la casa encantada.
Subieron las escaleras y se
dirigieron hacia la habitación, donde el niño se había quedado encallado
el día anterior por la tarde.
Esa mañana sí que pudieron abrir la
puerta. Encontraron al niño en un rincón llorando. Él dijo oír voces y
agua cayendo de tuberías inexistentes.
Actualmente, ya han pasado 10 años y aquella casa la destruyeron hace poco.
Paula Bartrina, 3r ESO A
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